Por Michelle Ballesteros Aguirre
Recientemente, tuve el privilegio de actuar como miembro del jurado en la edición 2025 del Premio ESET de Periodismo, una iniciativa dedicada a reconocer la excelencia en la cobertura de temas de seguridad digital. Como parte de este proceso, se me encomendó la revisión de una treintena de los mejores trabajos periodísticos sobre amenazas informáticas, todos ellos recibidos en mi bandeja de entrada. Esta colección, compilada por la reconocida empresa de seguridad ESET, reunió una diversidad de contenidos en español y portugués, originados en distintos rincones de América Latina.
La convocatoria estableció que los reportajes, artículos y producciones multimedia participantes debían haber sido publicados en medios impresos, digitales o audiovisuales entre el 30 de agosto de 2024 y el 9 de agosto de 2025, lo que garantizaba una evaluación de los temas más actuales y urgentes en el campo.
Tras un minucioso análisis de los materiales presentados, y sin realizar menciones específicas a trabajos particulares para mantener la imparcialidad del proceso, puedo afirmar que el nivel de calidad periodística demostrado por México es perfectamente comparable y compite de igual a igual con el de otras naciones representadas, como Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Honduras, Perú y Uruguay. La región en su conjunto exhibe un compromiso sólido y creciente con esta especialidad.
Si bien la mayoría de las investigaciones reflejaban problemáticas y dinámicas con un fuerte componente local, un denominador común las unía a todas: la clara intención de subrayar la importancia crítica de comprender las amenazas que proliferan en las redes sociales y en el ecosistema de internet. El objetivo último de estos trabajos es empoderar a la ciudadanía, proporcionándole la información necesaria para formar un criterio propio y, en consecuencia, tomar decisiones informadas y acciones adecuadas para proteger su integridad digital.

Resulta de una utilidad social incuestionable que se siga produciendo y refinando contenido periodístico sobre amenazas ya consolidadas, como los ataques de denegación de servicio (DDoS), la suplantación de identidad o phishing, el software de secuestro de datos o ransomware, y los programas maliciosos o malware en general. Esta persistencia es vital, considerando que los ciberdelincuentes innovan constantemente, desarrollando sin pausa nuevas metodologías para defraudar y despojar a los usuarios desprevenidos.
Mientras exista una persona en riesgo en el ciberespacio, los contenidos que expliquen cómo evitar ser una víctima seguirán siendo no solo bienvenidos, sino absolutamente necesarios. Asimismo, las nuevas y más sofisticadas amenazas, como los deep fakes y otros engaños basados en el uso malintencionado de la inteligencia artificial, demandan que el periodismo se adapte. Los periodistas tienen la tarea de indagar en estas complejidades y traducirlas a un lenguaje accesible, haciendo comprensibles estas nuevas y perturbadoras realidades para el gran público.
En este sentido, el periodismo, en su condición de “material de lo inmediato”, se erige como una de las primeras líneas de batalla en la defensa contra la ciberdelincuencia. Existe una correlación directa e innegable: a mayor y mejor información sobre los riesgos disponible para las personas, menor es la probabilidad de que estas sean defraudadas o víctimas de algún robo digital. Por ello, es de agradecer y valorar el esfuerzo diario de periodistas en toda la región, quienes se dedican a la elaboración de trabajos originales, rigurosos y profundamente investigados.
Esta inmersión en lo mejor del periodismo regional me permitió reafirmar una observación que he sostenido desde hace mucho tiempo: el periodista que se especializa en seguridad informática —al igual que sus colegas de ciencia, tecnología y otras fuentes de alta complejidad— cumple, al menos, con una doble función fundamental. Por un lado, ejerce el periodismo puro y duro: acercar a las personas información que es relevante, actual, oportuna y precisa. Por otro lado, y dado que la información sobre seguridad digital suele estar saturada de tecnicismos y jerga especializada, el periodista asume también el rol esencial de divulgador científico, actuando como un puente indispensable entre el conocimiento experto y la comprensión ciudadana. Es en este último y crucial tema en el que prometo profundizar en un futuro próximo.
