Nokia deja atrás su pasado como fabricante de móviles y se posiciona en la infraestructura de inteligencia artificial tras una inversión de 1.000 millones de Nvidia.
Durante mucho tiempo, pocos sonidos fueron tan universales como el tono de llamada de Nokia. A finales de los años 2000, aquella melodía —inspirada en el Gran Vals de Francisco Tárrega— sonaba miles de veces por segundo en todo el planeta. No era únicamente un aviso acústico: se había convertido en un símbolo cultural de una empresa que dominó la telefonía móvil durante más de una década. Vista desde 2025, la cuestión ya no es cómo Nokia alcanzó ese liderazgo, sino cómo logró sobrevivir a su derrumbe y reinventarse hasta reaparecer como un actor relevante en la industria de la inteligencia artificial.
La evolución de Nokia en los últimos veinte años, desde el hundimiento de su negocio de móviles hasta su reposicionamiento como proveedor de infraestructuras para la IA, ha sido examinada en profundidad por Financial Times a partir de entrevistas con directivos pasados y presentes, analistas del sector y datos históricos. Ese recorrido explica por qué, casi dos décadas después del inicio de su declive, la compañía vuelve a captar la atención del mercado con un anuncio de gran calado estratégico.
La inversión de 1.000 millones de dólares de Nvidia, anunciada en octubre, sitúa a Nokia en un papel muy distinto al que desempeñó como fabricante de dispositivos de consumo. La alianza la consolida como proveedor de infraestructura crítica para centros de datos, servicios en la nube y redes de telecomunicaciones: un rol menos visible para el usuario final, pero esencial en la actual carrera tecnológica.
De referente cultural a lección industrial
El ascenso de Nokia fue tan vertiginoso como su posterior caída. A mediados de los años noventa, la compañía supo anticiparse a la adopción del estándar GSM, base de las redes 2G, y convertirlo en una ventaja competitiva. Sus teléfonos, simples y resistentes, popularizaron los mensajes SMS y normalizaron el uso del móvil en la vida cotidiana. En el año 2000, Nokia controlaba más del 26 % del mercado mundial y alcanzó una capitalización cercana a los 286.000 millones de euros, equivalente a alrededor del 4 % del PIB de Finlandia.
Sin embargo, ese liderazgo se apoyaba en una visión muy concreta del teléfono móvil: teclados físicos, pantallas reducidas y software propietario. Cuando Apple presentó el iPhone en 2007, Nokia interpretó el cambio más como una mejora estética que como una ruptura profunda de plataforma. El fallo no fue solo técnico, sino también organizativo. La empresa tardó en rediseñar su sistema operativo y reaccionó con lentitud frente al avance de iOS y Android.
El intento de relanzar su negocio de smartphones mediante Windows Phone, en alianza con Microsoft, terminó por minar aún más su posición. En 2014, Nokia vendió su división de dispositivos y servicios a Microsoft por 5.400 millones de euros. Para entonces, los ingresos habían caído desde los 37.700 millones de euros de 2007 a poco más de 10.000 millones.
La reinvención a través de las redes
La salida del mercado de móviles obligó a Nokia a redefinir su identidad. Bajo el liderazgo de Rajeev Suri, la empresa reforzó su apuesta por las infraestructuras de red. Primero consolidó el control de su negocio conjunto con Siemens y, posteriormente, adquirió Alcatel-Lucent por 15.600 millones de euros, en la mayor operación estratégica de su historia reciente.
El movimiento no estuvo exento de riesgos. Nokia pasó a competir en un negocio intensivo en capital y muy presionado por fabricantes chinos como Huawei y ZTE, capaces de ofrecer soluciones avanzadas a menor coste. Aun así, la operación permitió a la compañía mantener una escala relevante en un mercado dominado por pocos actores globales.
Con el tiempo, esa base sirvió para un nuevo giro estratégico. Bajo la dirección de Pekka Lundmark, Nokia amplió su presencia en redes ópticas, servicios en la nube y conectividad para centros de datos. La adquisición de Infinera en 2024 reforzó su posición en un segmento clave para gestionar el creciente tráfico de datos.
Nvidia y la lógica del “superciclo de la IA”
El capítulo más reciente lo marca la inteligencia artificial. El crecimiento acelerado de los modelos generativos ha disparado la inversión en centros de datos y en redes de alta capacidad. Ya no se trata solo de potencia de cálculo, sino de interconectar infraestructuras distribuidas de forma eficiente.
En ese escenario entra Nvidia, convertida en uno de los actores centrales de la actual ola de IA. Su decisión de invertir 1.000 millones de dólares en Nokia y de sellar una alianza estratégica para integrar IA en redes de telecomunicaciones supone una validación clara del nuevo posicionamiento del grupo finlandés. El mercado reaccionó con rapidez: las acciones de Nokia subieron un 25 % tras el anuncio.
Para Nokia, el acuerdo va más allá de la inyección de capital. Aporta credibilidad tecnológica en un ecosistema dominado por empresas estadounidenses y asiáticas y refuerza su papel como intermediario entre operadores de telecomunicaciones y grandes plataformas de computación en la nube.
Justin Hotard, actual consejero delegado, ha enmarcado esta etapa en la búsqueda de oportunidades dentro del llamado AI supercycle. Nokia contribuye con routers, tecnología óptica y software de gestión de redes que permiten mover enormes volúmenes de datos con baja latencia, un requisito indispensable para la IA a gran escala.
Incertidumbres en un entorno cambiante
Pese al impulso, el camino no está libre de riesgos. La inversión en IA muestra signos de concentración y volatilidad, y los operadores de red siguen siendo cautelosos ante la dependencia excesiva de un solo proveedor. Rivales como Cisco o Ciena también compiten por posicionarse en este mercado emergente con propuestas similares en redes inteligentes e interconexión.
Además, la valoración actual de Nokia —en torno a 32.000 millones de euros— queda muy lejos de sus máximos históricos. El recuerdo del colapso de su negocio de móviles sigue funcionando como advertencia tanto dentro como fuera de la compañía. La historia reciente demuestra que los ciclos tecnológicos no garantizan retornos automáticos ni sostenidos.
Aun así, la trayectoria de Nokia refleja una capacidad poco común para cerrar etapas fallidas, reasignar recursos y sobrevivir. Desde sus orígenes industriales en el siglo XIX hasta su papel actual como proveedor de infraestructuras para la inteligencia artificial, la empresa ha sabido reinventarse a través de rupturas sucesivas.
La cuestión ahora no es si Nokia ha construido un nuevo relato, sino si este será lo bastante sólido en un entorno donde la innovación avanza más rápido que las certezas industriales.
