Hecho por: Daniel Ruiz

A Nick Foster no le emociona la manera en que Silicon Valley imagina el futuro. Como diseñador y escritor que ha trabajado en compañías como Google, Nokia y Sony, ha visto de cerca la obsesión constante del sector tecnológico por hacer realidad lo que antes era solo ciencia ficción. El problema, según él, es que ese tipo de historias nunca se escribieron para servir como guías del mundo real.
“La ciencia ficción existe para explorar ideas y entretener, no para dictar especificaciones”, explica Foster en una entrevista por videollamada. Le preocupa escuchar en reuniones frases como: “deberíamos hacer lo de Minority Report”. Para él, eso representa un pensamiento perezoso: una inspiración tomada de un universo cinematográfico creado para el espectáculo, no para ofrecer soluciones prácticas o centradas en las personas. “Están malinterpretando el propósito del arte y solo quieren reproducir algo porque les emociona, no porque realmente sea más útil, práctico o beneficioso”, concluye.
Esta visión uniforme de la ciencia ficción —en la que las salas de juntas llevan nombres de robots imaginarios y las naves espaciales se bautizan con títulos sacados del cine— constituye lo que el futurista Tobias Revell denomina un “cierre del futuro”. Nos vemos atrapados en un ciclo interminable, persiguiendo fantasías de autos voladores que han cautivado nuestra imaginación durante más de siete décadas sin hacerse realidad. Esta falta de imaginación —esta dificultad colectiva para ir más allá de los sueños heredados de Hollywood y de las estrategias corporativas— fue precisamente lo que llevó a Foster a escribir su nuevo libro Could Should Might Don’t: How We Think About the Future (Podría, debería, quizá, no lo hagas: cómo pensamos sobre el futuro).
“Con este libro no busco establecer un método ni un nuevo marco de trabajo —ya existen demasiados”, aclara Foster. En su lugar, propone un lenguaje simple pero poderoso que permita reflexionar sobre las distintas maneras en que imaginamos el futuro. Según él, solemos adoptar uno de cuatro enfoques de pensamiento sin ser plenamente conscientes de ello. Su intención es que aprendamos a manejar los cuatro, lo que nos permitiría tener un diálogo más sólido, responsable y realista sobre el rumbo que tomamos como sociedad.
