Por Michelle Ballesteros Aguirre
El Gobierno de España ha dado un paso estratégico decisivo en la carrera por la supremacía tecnológica, anunciando una inversión de 9,75 millones de euros en la empresa emergente Nu Quantum. Esta compañía, fundada en Cambridge (Reino Unido) y dirigida por la física cuántica española Carmen Palacios-Berraquero, es pionera en un campo crítico: la conexión en red de procesadores cuánticos individuales, un hito esencial para superar las limitaciones actuales y escalar el poder real de esta tecnología revolucionaria.
La inversión, canalizada a través de los fondos europeos Next Generation, tiene un objetivo concreto: establecer una filial de Nu Quantum en territorio español que diseñe y desarrolle una arquitectura de red avanzada. Esta red permitirá interconectar múltiples procesadores cuánticos en tiempo real, creando un sistema distribuido cuya potencia de cálculo combinada superaría ampliamente la de cualquier máquina aislada.
El ministro de Transformación Digital, Óscar López, destacó durante el anuncio en el foro S4i Science for Industry en Madrid que “España está adelantándose [en la tecnología cuántica]”, subrayando el despliegue de infraestructura para su desarrollo y escalabilidad. Esta apuesta refuerza la posición de España como uno de los seis nodos tecnológicos fundamentales a nivel mundial en computación cuántica, junto a potencias como Estados Unidos, Alemania o Japón.
El ecosistema español ya cuenta con cuatro complejos de investigación de referencia: el centro IBM-Euskadi Quantum Computing, el primer ordenador cuántico 100% europeo en el Barcelona Supercomputing Center (BSC), el Centro de Supercomputación de Galicia (CESGA) y el innovador proyecto en Asturias (CINN) que desarrolla un simulador cuántico basado en átomos de Rydberg.
El desafío técnico que aborda Nu Quantum es crucial. Los procesadores cuánticos actuales son extremadamente frágiles; cometen errores debido al “ruido” ambiental (como microondas o variaciones de temperatura), lo que obliga a operarlos en aislamiento y a temperaturas cercanas al cero absoluto. Para escalar y resolver problemas complejos de manera fiable, no solo se necesitan más cúbits (la unidad básica de información cuántica), sino cúbits de mayor calidad, más tolerantes a interferencias o con errores corregibles. La interconexión segura y escalable de estos procesadores es la vía para lograrlo y desbloquear las aplicaciones comerciales reales de la computación cuántica.
Con esta inversión, España no solo financia una tecnología puntera, sino que atrae talento y conocimiento estratégico, posicionándose en la primera línea de la construcción de la infraestructura cuántica del futuro.
