Por Michelle Ballesteros Aguirre
La batalla contra los incendios forestales está encontrando aliados de alto nivel en la tecnología. La innovación se centra ahora en el uso estratégico de drones y en una gestión de la información más inteligente y coordinada que nunca.
Los desastres naturales son la prueba de fuego definitiva para nuestra capacidad tecnológica. La experiencia demuestra que nunca se está del todo preparado, y que incluso las soluciones aparentemente lógicas pueden ser contra producentes. Un ejemplo claro lo dio Albrecht Beck, asesor de la ONU y experto en gestión de desastres, refiriéndose a los incendios de Hawái en 2023. Allí, la ausencia de alertas salvó vidas, ya que la población, acostumbrada a la amenaza de tsunamis, hubiera huido hacia las montañas—directamente hacia las llamas—si se hubiera activado el protocolo habitual.
Este desafío exige una colaboración global. Solo en la Unión Europea, más de 60.000 incendios anuales devoran una media de 500.000 hectáreas, con un coste humano y económico que ronda los dos mil millones de euros. La magnitud del problema es tal que, en junio, los líderes del G7 firmaron la Carta de Incendios Forestales de Kananaskis, un acuerdo histórico que sitúa a la tecnología en un papel protagónico.
En respuesta a esta necesidad, han surgido iniciativas como la plataforma de la Oficina Europea de Patentes (EPO), que recopila las tecnologías más avanzadas para ponerlas al servicio de gobiernos y empresas. El objetivo es claro: orquestar un frente unido donde los datos y los drones actúen como un “extintor digital” para prevenir y combatir estos devastadores fenómenos.
