Por: Christian Rossell Cruz García
En un giro que refuerza la llamada “guerra tecnológica” entre China y Estados Unidos, el regulador chino Cyberspace Administration of China (CAC), dictó que importantes compañías tecnológicas como Alibaba y ByteDance dejen de comprar y probar el chip Nvidia RTX Pro 6000D, y cancelen pedidos ya iniciados. El motivo oficial es parte de una estrategia más amplia de Pekín para reducir su dependencia de tecnología estadounidense, impulsar su industria doméstica de semiconductores y afirmar su soberanía tecnológica ante crecientes tensiones con EE. UU.
Este chip, el RTX Pro 6000D, fue diseñado específicamente por Nvidia para el mercado chino, como una versión adaptada que cumpliera con ciertas restricciones de exportación de EE. UU. Pero, aun así, la respuesta del mercado había sido tibia, incluso antes del mandato del CAC, debido a su elevado precio y a que muchos consideraban que su rendimiento y coste no justificaban la diferencia frente a chips locales.
Durante una conferencia en Londres, Jensen Huang, CEO de Nvidia, expresó su decepción. Dijo que solo pueden servir un mercado “si el país te quiere”, y añadió que ve que hay “agendas más grandes” entre China y EE. UU. que influyen en decisiones como esta. También mencionó que Nvidia seguirá siendo paciente y cooperativo con las autoridades chinas, pero admitió que la situación política complica mucho los negocios. Además, comentó que ya están ajustando expectativas financieras: China podría dejar de considerarse en sus proyecciones si las políticas continúan limitando sus operaciones allí.
El regulador chino, en paralelo a esta medida, ha asegurado que los chips nacionales han alcanzado un nivel de rendimiento comparable al de los productos de Nvidia que estaban permitidos bajo las restricciones de exportación (como el H20 y el nuevo RTX Pro 6000D). Esto refuerza la postura de China de que ahora hay capacidad local suficiente para satisfacer buena parte de la demanda interna, sin tener que depender de importaciones controladas o de proveedores externos.
Tras difundirse la noticia, las acciones de Nvidia sufrieron una caída de alrededor de 2-3 % en los mercados debido a la preocupación de que este veto reduzca sustancialmente los ingresos futuros en uno de sus mercados grandes, con riesgo de afectar aún más el negocio de Nvidia en China debido a las nuevas restricciones, pues China fue uno de los mayores mercados de semiconductores, que representó el 13 % de las ventas totales de Nvidia el año pasado.
En contraste con reacciones estrictamente negativas, algunos analistas ven esta medida como parte de un juego estratégico más grande de China, que quiere usar esta clase de regulaciones para apretar su industria doméstica, ganar ventaja competitiva y negociar desde una posición de fuerza. Hay quienes creen que el gobierno de China considera que ya es tiempo de que las industrias locales demuestren que pueden cumplir sin necesidad de hardware extranjero, lo que podría llevar a una aceleración de innovación interna, aun con riesgos de aislamiento tecnológico.
