Por: Christian Rossell Cruz García
Google se enfrenta simultáneamente a dos procesos antimonopolio críticos: uno en Estados Unidos sobre su buscador, y otro en Europa por prácticas en su negocio publicitario (adtech). Ambos reflejan cuestionamientos serios sobre si Google busca consolidar un dominio que va más allá de la competencia razonable.
Caso 1: EE. UU. – Caso desestimado contra Google, con medidas limitadas antimonopolio.
El pasado 4 de septiembre de 2025, el juez Amit Mehta dictaminó que Google mantiene un monopolio ilegal en la búsqueda online, sustentado por acuerdos exclusivos que lo consolidan como buscador predeterminado en navegadores y dispositivos. Sin embargo, el fallo adoptó un enfoque más permisivo: en lugar de ordenar una división del negocio o la venta del navegador Chrome, impuso medidas limitadas como compartir datos de búsqueda con competidores.
El razonamiento del juez apela a la emergencia de competidores de IA como potenciales frenos al dominio de Google, más allá de lo que una orden judicial podría imponer.
Caso 2: Unión Europea – Multa histórica por abuso en adtech
Tan solo 1 día después, el 5 de septiembre, la Comisión Europea sancionó a Google con una multa récord de €2.950 millones (~USD 3.500 millones) por abuso de posición dominante en su plataforma publicitaria AdX y el servidor DFP. La acusación central indica que Google favorecía a sus propios servicios, desestimando opciones más competitivas.
Google anunció su intención de apelar la decisión, calificando la multa como “injustificada” y potencialmente perjudicial para miles de empresas europeas. La UE, sin embargo, mantiene la presión: impone un plazo de 60 días para que Google proponga soluciones o enfrentará medidas más drásticas, incluidas posibles desinversiones en su negocio de adtech.
Efectos colaterales y reacciones globales
El fallo estadounidense generó expectativas mixtas: Alphabet, matriz de Google, experimentó un aumento en su cotización bursátil hasta un récord (más del 8–9 %) tras los veredictos más suaves.
Al quedarse sin sanciones estructurales, muchos consideran que Google mantiene su dominio intacto, especialmente porque conserva acuerdos como el pago para ser el buscador predeterminado en Safari y otros canales.
¿Está Google jugando limpio o …?
Ambos casos demuestran el desafío de regular compañías tecnológicas globales que actúan simultáneamente como infraestructuras y competencia. La defensa de Google se centra en su posición por calidad e innovación, mientras críticos apuntan a cómo se aprovechan de esa confianza para sofocar a sus competidores.
En EE. UU., la corte parece confiar en la interrupción tecnológica (IA) como remedio natural, sin restablecer la competencia judicialmente. En cambio, Europa muestra mayor firmeza, disponiendo una multa histórica y la amenaza de consecuencias más graves.
¿Qué implica para el futuro?
• Se abren interrogantes sobre la efectividad de las leyes antimonopolio actuales ante industrias que evolucionan más rápido que los procesos legales.
• Google podría enfrentar una fragmentación parcial si no cumple los requerimientos en Europa.
• Otros competidores en la tecnología, como Apple, Meta y Amazon, observan con atención el precedente de estas decisiones.
• La percepción pública de Google como una plataforma confiable podría verse erosionada si sus prácticas anticompetitivas se visibilizan más.
